El documental más polémico del año plantea una pregunta incómoda.
Julián Marías, uno de los grandes filósofos españoles del siglo XX y discípulo de Ortega y Gasset, recalcaba que la filosofía es hacerse «las preguntas radicales», aquellas que son más importantes incluso que cualquier respuesta que pueda darse (artículo ABC). El hecho de plantearse dichas preguntas fundamentales, según él, es lo que otorga a la vida de un sentido y de una condición plenamente humana.
En una de sus conferencias (enlace al Colegio de Eméritos), Marías evidenciaba que existen dos realidades: la vida masculina y la femenina, y que son dos concepciones contrapuestas, referidas la una a la otra, en el sentido de que la realidad de una de ellas no se comprende sin la otra. Esto se podría resumir en que son conceptos complementarios, polares pero iguales al mismo tiempo, ya que ambos son personas y pueden entenderse entre ellos. Él exponía también que en esa diferencia radica justamente el interés y la fascinación del hombre hacia la mujer, que la percibe como una perpetua novedad, y de la mujer hacia el hombre.
¿Existen diferencias en la concepción del mundo desde un punto femenino o masculino? Marías cita un ejemplo curioso al respecto: mientras que el hombre, en general, presta más atención a lo que sucede —a las noticias del momento, por decirlo de alguna manera—, la mujer tiende más a prestar atención a lo queda, a lo que subyace. Es decir que, debido a su papel de transmisoras de la cultura —de madres a hijos—, tienen más preocupación por lo que perdura y el trasfondo que ello implica, que por lo que sucede circunstancialmente.

Fuente: El País – Denise Bellon.
Como contrapunto interesante a la reflexión de Julián Marías, se podría citar a Simone de Beauvoir, quien acuñó la célebre frase «no se nace mujer, se llega a serlo» en su obra El Segundo Sexo (1949). En ella detalló el concepto de mujer como una realidad no sólo referida al hombre, sino vasalla de él. Tanto la conciencia como la identidad le vienen concedidas por el hombre, que es el único ser libre de verdad. Lo que supuso una revolución feminista en el siglo pasado, dio pie a una serie de interpretaciones posteriores de diversa índole, hasta que teóricos Queer actuales, como Judith Butler, han reutilizado y redefinido este lema para darle un contexto compatible con la ideología de género.
La Real Academia de la Lengua Española coincide con el diccionario María Moliner en la definición de mujer como: «persona del sexo femenino», y que además sirve para «diferenciar entre niña y adulta». La RAE añade además que «posee las cualidades consideradas femeninas por excelencia», como podría ser la capacidad reproductora. Y bien, ¿Es esto suficiente o no?
La pregunta radical e incómoda que Matt Walsh plantea a todos sus entrevistados en su documental es simplemente la del título del artículo: ¿Qué es una mujer? En resumen, en la cinta se confronta con la ideología de género y la teoría Queer, que expone que el género es una concepción social que cada individuo puede reafirmar o no según su desarrollo personal desde que nace. Se muestran —y se exageran, a veces con un refrescante efecto cómico, otras no tanto— algunos problemas derivados de esta política identitaria aplicada en EEUU y Canadá como: hombres transexuales usando baños de mujeres, la imposición del uso de pronombres neutros, atletas transexuales que son abismalmente superiores a atletas mujeres, la polémica aplicación de tratamiento hormonal en niños y adolescentes, y las consecuencias de las operaciones quirúrgicas de cambio de sexo.
El tipo se mete en un buen berenjenal, desde luego.

En el primer artículo de este blog cargaba en contra de las etiquetas que uno u otro bando se lanzan como dagas para desprestigiar y silenciar al mensaje del enemigo. En este caso, es el propio Matt Walsh quien se define a sí mismo como conservador, católico, anti-abortista, anti-socialista, escéptico del cambio climático, en contra del matrimonio homosexual y un largo etcétera. Quiero dejar esto claro para que aquellos que vean el documental lo tengan en cuenta, de igual manera que si por ejemplo un historiador escribe un libro desde una perspectiva marxista o antimarxista, está bien que se sepa. No considero que esto le deba restar valor a la obra, simplemente creo que está bien tenerlo en cuenta para el análisis que cada uno pueda hacer desde su parcela ideológica.
What is a Woman? está financiado por la cadena The Daily Wire, un medio de derecha norteamericano, que representa y da voz a pensadores conservadores, neoliberales y polemistas mundialmente conocidos como Ben Shapiro —su fundador—, o Jordan Peterson. Dicho esto, la manera en la que se expone y desarrolla la ideología del creador del documental es maniquea, en el sentido de que se señalan claramente buenos y malvados, pero creo que se les ofrece una oportunidad de expresarse de manera libre y sin una edición demasiado forzada. A mi modo de verlo, se logra el objetivo de plantear una pregunta que los entrevistados no consiguen responder, pese a que se esté de acuerdo o no con el trasfondo. Desde cirujanos plásticos, hasta profesores de universidad que imparten teoría de género, activistas transexuales, o diferentes mujeres y hombres entrevistados a pie de calle, todos naufragan de manera evidente a la hora de dar una definición clara y llana de qué es una mujer.
El argumento expuesto con mayor frecuencia entre los entrevistados es que una mujer es «aquella persona que se identifica como una mujer». Matt Walsh señala en repetidas ocasiones y con una irrefutable lógica que eso es una definición circular e inválida, ya que el término se trata de explicar referenciando al propio término. «De acuerdo, entonces, ¿se identifica como qué?», replantea la pregunta el entrevistador, ante lo cual varios de los expertos en la materia reaccionan de manera defensiva y le acusan de tránsfobo y LGTBI-fóbico.
Pero detengámonos aquí un momento. Si usted como lector se plantea también la pregunta de «¿qué es una mujer?» mientras lee estas líneas, ¿está siendo usted tránsfobo o LGTBI-fóbico por el mero hecho de pensarlo? Considero que el hecho de formular un concepto y de contrastarlo, debatirlo y ponerlo en cuestión —como ha hecho la disciplina de la filosofía desde la antigua Grecia—, ha sido siempre y es la base del pensamiento científico. No obstante, puede ser que esté equivocado y este razonamiento mío sea decimonónico, y, por lo tanto, haya realmente nuevos axiomas indiscutibles en nuestra sociedad post-moderna. Pero debo de ser sincero aquí: esa idea me incomoda y me crea zozobra.
¿De verdad existen temas que no se pueden o deben debatir para no ofender a nadie? ¿Qué está pasando aquí?

Por desgracia, pese a que el documental tiene una premisa interesante, su análisis resulta demasiado superficial. Además, está orientado claramente a un público del medio-oeste estadounidense hambriento de contenido revanchista —se les muestra de hecho un mapa del país con un avión, que viaja de un lado a otro al estilo Casablanca o Indiana Jones, para que no tengan problemas en ubicar los estados enemigos—. Apenas se cita a Money o Kinsey para dar un contexto ideológico algo más profundo, y rápidamente el entrevistador se transporta a un pueblo remoto de Kenia para poner en contraste las ideas de género con una tribu Masái. Debo decir que la escena es graciosa, y ciertamente da que pensar, pero se deja entrever que al entrevistador le interesa mostrar el punto de vista obviamente conservador de una sociedad primigenia como contrapunto al progresismo. Cuando luego descubrí que las tribus Masái practican la ablación del clítoris, la escena adquirió un tono siniestro bastante desagradable para mí. Por si eso fuera poco, en las últimas escenas Matt se persona en varias manifestaciones LGTBI de los estados del este para vacilar a los asistentes y hacerse un poco la víctima de manera sensacionalista.
El documental ha sido vetado en varias universidades americanas y ha generado un debate muy visceral y polarizado al otro lado del charco. Aquí en España, ha surgido también una polémica parecida con la aprobación de la Ley Trans por parte del gobierno. Entonces, si usted también siente que pierde el norte en estas cuestiones como yo, cabe preguntarse: ¿dónde se puede ver un debate sobre estas ideas para informarse de manera pausada? Exacto, en ningún sitio. Es por esto que considero que nuestra generación echa de menos programas de debate como La Clave, en vez de la verdulería de La Sexta Noche o Espejo Público.

El hecho de que la mera idea de plantear la discusión ya le suene reaccionario y casposo a muchos sectores de la izquierda me parece terrible. Mi preocupación reside en que si no somos capaces siquiera de poner sobre la mesa una idea por miedo a ser etiquetados y cancelados, veo difícil construir una sociedad racional. Es más, si gastamos todas nuestras energías en el debate de qué es o no es una mujer, ¿Cómo podremos afrontar problemas como el cambio climático, la desigualdad económica o la superpoblación?
Personalmente, considero que es una batalla donde muchas hinchadas —del primer mundo, no olvidemos— se enfangan sin remedio, y que sirve de sustento para que una serie de plataformas televisivas y de discursos muy mediáticos se lucren con el enfrentamiento. Ahora bien, ¿debe la izquierda seguir abrazando esta ideología de género? ¿Contribuye esto a desestabilizar el feminismo y enfrentar a unos contra otros? ¿Son las feministas de ayer las tránsfobas de hoy en día?
Me parece que la izquierda corre peligro de perderse a sí misma al poner el foco en estos aspectos. Más que nada porque lo que acaba ocurriendo es que se relegan a un segundo plano —o se abandonan directamente— aspectos más importantes de la resistencia contra el sistema, tales como: la lucha de clases, la explotación laboral o la lucha por la conciliación familiar digna. Y por supuesto que todo esto le viene que ni pintado al sistema capitalista, pues ya no tiene que esforzarse en combatir al activismo de izquierdas, ya que ellos solitos se encargan de machacarse los unos a los otros sobre cuestiones como esta.
Por ello creo que, pese a que What is a Woman? emite varios juicios de valor oportunistas, pseudo-científicos, puritanos y sesgados, también tiene algunos aciertos importantes. Para mí, el más claro punto positivo es que señala de manera evidente el nudo Gordiano en el que está enmarañada la izquierda contemporánea, y que parece que ni un resucitado Alejandro Magno podría cortar con su espada. Jordan Peterson, que patina muy a menudo con sus juicios vagos y poco informados sobre socialismo y cambio climático, ofrece en una escena del documental otra idea interesante: que la masculinidad y la feminidad corresponden a distribuciones estadísticas. Es decir, hay mujeres más masculinas y hombres más femeninos, pero la mayoría se mueve en el espectro medio.

Fuente: The Tower of Science.
Prefiero inclinarme hacia esta idea de Peterson —pese a que en general suelo estar en profundo desacuerdo con su visión política—, o las expuestas anteriormente por Julián Marías o Simone de Beauvoir, frente a la definición de la teoría Queer de que no hay dos, sino más de siete géneros: cis-género, no-binario, transgénero, género queer, género-expresión, género-fluído o género neutral, entre otros.
Aun así, creo que debemos poder confrontar y confluir de forma pacífica cualquier idea, por radical que sea, sin cancelaciones ni censura, para no entrar en barrena y para no perder de vista el horizonte. Solo de esta manera podremos seguir adelante con los problemas de nuestra sociedad, que no son pocos.

Una respuesta a “Entonces, ¿qué es una mujer?”
Gran blog!
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